martes, 27 de agosto de 2013

El manuscrito encontrado en Zaragoza

 Jan Potocki luchó como soldado contra los piratas berberiscos y viajó por toda Europa Occidental (Alemania, España, Francia, Inglaterra, Italia...), los países del Magreb,Egipto y Turquía. Además, entre otras hazañas y vivencias, en 1788 creó una imprenta y una editorial, sorprendió a sus compatriotas sobrevolando en globo Varsovia en 1790,y en 1805 se marchó a Pekín como asesor científico del zar Alejandro I de Rusia.Pero la expedición nunca alcanzó su meta al negar les el paso el emperador Yung Yen por razones políticas , recalando en Urga (Mongolia).
Una de las más fascinantes leyendas surgidas en torno del conde polaco Jan Potocki, autor de una de las grandes novelas de la literatura fantástica europea de todos los tiempos, El manuscrito encontrado en Zaragoza, guarda relación con su escalofriante suicidio,acaecido el 20 de diciembre de 1815. Pese a la sólida formación cultural de Potocki, tanto científica como humanística - le interesaba vivamente el ocultismo, la egiptología, la etnografía, la filosofía y la historia; además, hablaba con fluidez francés, alemán, ruso y árabe-,el escritor cayó en una profunda depresión a causa de una serie de lamentables hechos: el divorcio de su segunda esposa, Constance,y el recrudecimiento de la sífilis que padecía desde hacía unos meses.Recluido en su castillo de Uladowka con la única compañía de la servidumbre, el conde Jan Potocki empezó a creer que se había convertido en un hombre-lobo. Confinado por las noches en sus habitaciones, a fin de no dañar a nadie cuando se "transformara" en lobo, empezó a pulir la tapa de plata de una azucarera -regalo de su madre- dándole forma de bala. Un día, después de solicitarle al capellán del castillo la bendición del proyectil, esperó a la caída del sol y se voló la cabeza de un disparo.Quizá no podía haber muerto de otro modo este contemporáneo dela novelista inglesa Ann Radcliffe (1764-1823), pionera de la narrativa gótica europea, y del escritor y compositor alemán E. T. A. Hoffmann(1776-1822), cuya habilidad para mezclar lo grotesco y lo sobrenatural con un poderoso realismo psicológico, lo ha erigido en una de lasmás importantes figuras del romanticismo negro en el Viejo Continente.


Nacido el 8 de marzo de 1761 en la región polaca de Pików - quehoy forma parte de Ucrania-, el conde Jan Potocki, cuyo verdader onombre era Jan Nepomucen Potocki de Pilawa, vertió todas sus.experiencias aventureras e intelectuales'" en El manuscrito encontrado en Zaragoza, su única novela, pues la mayoría de sus libros versan sobre historia y viajes, exceptuando un par de obras de teatro, como Los gitanos de Andalucía (1794). Potocki empezó a escribir El manuscrito encontrado en Zaragoza en 1797, en francés -el título original es Manuscrit Trouvé él  Saragosse - , y en 1804 una editorial de San Petersburgo publicó la primera parte del libro. Con matiz marcadamente fantástico y macabro, la obra transcribe el documento hallado por un oficial de las tropas napoleónicas durante la liberación de Zaragoza, y cuenta, en catorce jornadas, las aventuras del noble caballero Alphonse Van Worden -perfecto alter ego del propio Potocki-, un oficial de la Guardia Valona que atraviesa Sierra Morena en dirección a Madrid. Por el camino, topa con todo tipo de personajes extraordinarios: gitanos, princesas árabes, anacoretas, endemoniadose, incluso, Ahasverus, el Judío Errante. Todos ellos ponen a prueba su temple y su cordura, trazando a la vez una visión pintoresca,fantástica y prerromántica de la España profunda del siglo XVIII, llena de inolvidables historias de aparecidos, cabalistas, ventas encantadas o leyendas moriscas, aromatizadas por un aire picaresco deudor dela tradición novelística del Siglo de Oro español. 


La segunda parte El Manuscrito Encontrado en Zaragoza de la obra, Tres relatos de Avadoro, historia española, vio la luz en 1813, y los elementos fantásticos desaparecen a favor de una intriga puramente cortesana.La técnica narrativa de "cajas chinas" utilizada por Jan Potocki, con historias dentro de historias que entremezcladas, se inspira directamente en el Decameron (1353), de Giovanni Boccaccio y, muy especialmente, en Las mil y una noches (S. XIV). No obstante, llama poderosamente la atención la abundancia de elementos cabalísticos y herméticos, directamente sacados de las obras de Apolonio deTriana, Christian Knorr von Rosenroth y Simon Magus como, por ejemplo, la figura de los ahorcados hermanos Zoto, que evocan adecimotercero arcano del Tarot, símbolo de la purificación por inversión del orden terrenal.Durante el siglo XIX, El manuscrito encontrado en Zaragoza cayó en el olvido, hasta que el texto fue recuperado en 1958 por EditionsGallimard, gracias a los esfuerzos del escritor, antropólogo y ensayista francés Roger Caillois (1913-1978), quien escribió:"Se trata de unade las grandes obras de la literatura fantástica de todos los tiempos y uno de esos raros libros que fortalecen el espíritu y la dignidad del género humano" .

 Según el erudito galo, El manuscrito encontrado en Zaragoza pertenece al siglo XVIII por su tono galante y por su estilo narrativo, por su pasión por el ocultismo, su irónica inmoralidad sentimental y sexual; mas también se anticipa al romanticismo, en especial por sus elementos siniestros, y por su indefinición a la horade mostrar lo vivido y lo soñado, lo real y lo fantástico.Traducida al polaco en 1847 por Edmund Chojecki, El manuscrito encontrado en Zaragoza se convirtió poco a poco en lo que podríamos llamar un éxito popular, si bien la novela no alcanzaría su justa fama hasta un siglo después, por influencia de los ensayos del profesor de literatura polaca L. Kukulski, quien en 1959 publicaría una biografía sobre el conde Potocki,


 El clima político de la época -el llamado"Octubre polaco", que facilitó el retorno al poder de Wladyslaw Gomulka, la liberación del Cardenal Stefan Wyszynski, preso desde 1953, la atenuación de la colectivización agraria, el aumento de los salarios y el reconocimiento de los consejos obreros ... - permitió una cierta libertad creativa lejos de los rígidos corsés del Realismo Socialista, dando paso a una moderada exaltación nacionalista,elemento sobre el cual se erige un film como El manuscrito encontrado en Zaragoza.

Su director, Wojciech J. Has (1925-2000), provenía del cine documental, concretamente de la "escuela de Karabasz", una informal doctrina estética que alcanzó su apogeo durante los años sesenta,y que recalcaba el papel de los cineastas. Según esta, el autor de películas documentales debe prescindir de toda escenografía, ha de reducir al mínimo su propia ingerencia en la realidad, y sus protagonistas deben ser, en la medida de lo posible, gente corriente,carente de todo rasgo destacable. Pero, a diferencia de sus camaradas de formación, como Andrzej Wajda, Andrzej Munk o Krzysztof Kieslowski, el director de El arte de ser amada (Jak byc kochana,1963), se cansó pronto del cine documental, del realismo , y exploró nuevos horizontes fílmicos por mediación de dos de las mejores películas fantásticas rodadas en esa época en la Europa del Este,El manuscrito encontrado en Zaragoza y Sanatorio bajo el signo dela clepsidra (Sanatorium pod klepsydra, 1973), basada esta última también en una novela de su compatriota Bruno Schulz (1892-1942).

El manuscrito encontrado en Zaragoza traslada a la gran pantalla solamente la primera parte del libro de Jan Potocki, la que atañe alas escalofriantes experiencias de Alphonse Van Worden. En este sentido, la fidelidad de Wojciech J. Has es encomiable, si bien altera el orden de algunas historias -por ejemplo, las que integran las jornadas Segunda y Tercera - y suaviza el acento abiertamente truculento y sombrío de algunos pasajes, al,tiempo que introduce en otros irónicas pinceladas, no siempre oportunas, de un humor absurdo. Si bien la atmósfera fantasmagórica de la novela se mantiene, gracias a la contrastada fotografía en B/N y Scope de Mieczyslaw Jahoda y el detallista, elaboradísimo diseño de producción de Tadeusz Myszorek y Jerzy Skarzynski. La fisicidad de la puesta en escena no es óbice para que los componentes literarios originales se vean exacerbados por la barroca composición de los encuadres, la plásticidad de cada secuencia en función de sus impulsos románticos, tétricos, aventureros, galantes, oníricos.
A la modernidad de su mirada cinematográfica, de su sesgo documental por cuanto se detecta enla cinta un minucioso estudio de la pintura española del periodo distorsionada por esa estética surreal tan típica del Este europeo-.,Wojciech J. Has suma la música de Krzysztof Penderecki (n. 1933),quien combina la electrónica y la atonalidad característica de la Escuela de Viena con un sinfonismo romántico que cita, con evidente sorna, a Beethoven -ferviente admirador de Napoleón, al inicio dela película.. .-, y compases "españoles" extraídos de Manuel deFalla o Enrique Granados.

Antonio José Navarro






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