lunes, 4 de mayo de 2015

Johann Heinrich Füssli

 Zurich, 1741-Londres, 1825.
Pintor suizo nacionalizado británico.  Durante una larga estancia en Italia (1770-1778), profundizó en el estudio de la Antigüedad clásica y de Miguel Ángel. Su obra pictórica, de estilo teatral, se compone de grandes lienzos con temas sacados de la Biblia, de Shakespeare, de los Nibelungos, de Homero, etc. Sus formas se inspiran en Miguel Ángel, mientras el colorido liso recuerda el de los flamencos. Está considerado como un precursor del Romanticismo.


Johann Heinrich Füssli realizó estudios de teología para contentar a su padre, pero pronto se sintió más atraído por los ambientes artísticos y sus intereses e ideas independientes se decantaron por la pintura y la literatura. En 1763 se trasladó a Londres, donde enseguida demostró un gran entusiasmo por la Antigüedad clásica que le llegó a través de las obras de John Milton y William Shakespeare. De este último rescató lo más terrible , como puede apreciarse en sus cuadros de brujas inspiradas en Macbeth. La pintura de Henry Fuseli, que se debatió entre el sexo, el miedo y la violencia, dio vida a una serie de seres típicamente románticos (gigantes, brujas, fantasmas).

En 1783, la Royal Academy (de la que Fuseli fue miembro en 1790 y profesor en 1799) recibió muy favorablemente el que con el tiempo se convertiría en uno de sus cuadros más conocidos: La pesadilla (1782, Museo Goethe, Frankfurt). Se conocen actualmente seis versiones similares de esta obra.


Aunque desde nuestra perspectiva la concepción del tema puede parecer demasiado evidente o incluso un poco grotesca, en su momento supo reflejar con eficacia los temores de la época, mostrando a una mujer recostada sobre la que se visualizan en el lienzo los monstruosos animales que pueblan su pesadilla. Henry Fuseli sigue aquí una disposición clásica, en la que la parte inferior corresponde a la realidad y la superior a lo soñado, si bien establece una inquietante y estrecha relación entre ambas categorías. Los colores lúgubres y grises de los terribles personajes oníricos oprimen con su peso la blancura de la mujer, que a pesar de su consistente anatomía se desploma en un gesto de abandono y sumisión ante la irrupción de lo sublime provocada por su inconsciente.



Según han puesto de manifiesto los estudiosos de Fuseli, esta obra puede estar relacionada con los amores imposibles del pintor y la sobrina de su amigo Lavater, filósofo, teólogo y poeta suizo. El cuadro concede una gran importancia a la expresión de abandono que refleja el rostro. En general, la importancia de la obra de Henry Fuseli radica, sobre todo, en la expresividad de los rostros, como se pone de manifiesto en el dibujo Miedo, en el que los cuerpos de tres mujeres están simplemente insinuados por una línea, mientras que los rostros se muestran mucho más elaborados en tanto que son el centro de la expresión del espanto.

                 El Silencio

En una obra posterior, Titania y Botton (1780-1790, Tate Gallery, Londres), el sistema tradicional de la perspectiva renacentista es reemplazado por un indeterminado espacio de lóbrega iluminación en el que Titania, la reina de las hadas, ha conjurado a una legión de gnomos, criaturas fantásticas y duendecillos, con la intención de someterlos al servicio de Botton. En esta obra se puede constatar que el artista, casi contemporáneo del marqués de Sade, se adentró en las mismas zonas de la pasión y el sexo. Del mismo modo, El despertar de Titania (1793-1794, Kunsthaus, Zurich) muestra esa mezcla romántica de voluptuosidad, erotismo y fatalidad.





viernes, 1 de mayo de 2015

Cabiria

Cabiria es una película de género colosal o péplum de Giovanni Pastrone (que firmaba con el seudónimo de Piero Fosco), estrenada el 18 de abril de 1914 y ambientada en la Roma de la Segunda Guerra Púnica.



Cuenta la historia de Cabiria, niña de la nobleza romana, que, junto a su aya, sufre esclavitud por parte de los cartagineses y que, tras muchas peripecias, es liberada al tiempo que Cartago es derrotada por Roma. Su guion está inspirado muy libremente en la novela de Gustave Flaubert Salambó.

A la altura de 1914, Italia domina la industria cinematográfica mundial apoyándose en el prestigio del colosal, un tipo de cine de largo metraje y puesta en escena espectacular. El éxito del Quo vadis? (1913), de Enrico Guazzoni, con más de dos horas de largometraje, anima a la productora Itala Film de Giovanni Pastrone (que ya había dirigido La caída de Troya en 1910) a embarcarse en la mayor superproducción cinematográfica rodada hasta la fecha. No se escatiman medios para lograrlo, contrantando incluso al escritor más célebre de Italia, Gabriele D'Annunzio, para redactar los intertítulos. El rodaje se llevó a cabo en exteriores de Túnez, Sicilia y los Alpes. En estudio, se fabricaron inmensos decorados y participaron miles de extras.



Pastrone, que firmó la película como Piero Fosco, utilizó con maestría todos los medios que el lenguaje del cine había desarrollado hasta la fecha, y contó, como operador y director de trucajes, con la participación del turolense Segundo de Chomón. Este montó complicados travellings (llamado en este momento carello), que ponen de manifiesto la majestuosidad de la puesta en escena.


Escenas inolvidables del filme serían la batalla de Siracusa, el paso de los Alpes por parte del ejército de Aníbal y, particularmente, la imagen del Templo de Moloch, con la colosal efigie de bronce donde Cabiria espera ser sacrificada.

El personaje más recordado de esta película es el interpretado por el estibador portuario Bartolomeo Pagano, el forzudo Maciste, que a partir de esta película desarrollará una importante carrera como actor.

A las puertas de la Primera Guerra Mundial, el filme reflejaba el afán de expansionismo italiano del periodo del Imperialismo y Colonialismo. Remitiendo a la victoria de Roma sobre Cartago, se establecía un paralelo con la reciente conquista de posiciones del Imperio otomano en Libia en la Guerra ítalo-turca (1911-1912).

Cabiria influyó decisivamente en la concepción de las obras de largo metraje de David W. Griffith, por su tema histórico, puesta en escena grandilocuente y grandes movimientos de masas. Este «colosal» italiano constituyó un éxito mundial, que llevó al cine de Griffith a emprender proyectos como El nacimiento de una nación (1915) o Intolerancia (1916).


Fuente




jueves, 30 de abril de 2015

Segundo de Chomón

Nacido en Teruel en 1871. Entre 1895 y 1897 hizo un viaje a París. En esta ciudad descubre el Cinematógrafo de los hermanos Lumière.


Director, técnico de iluminación y de fotografía, especialista en trucajes y revelado, pionero del cine fantástico y del cine de animación fue una de las personalidades más relevantes  de los primeros treinta años de existencia del séptimo arte y trabajó al lado de algunos de los directores europeos más importantes del período.


Fue, junto a los hermanos Lumière, George Méliès y Charles Pathé uno de los pioneros de la historia del cine. . En 1906 fue contratado por la empresa francesa Pathé, para la que realizó más de 100 cortometrajes. Chomón trabajó incansablemente en nuevos descubrimientos técnicos y efectos especiales que luego aplicaba a sus películas fantásticas. Sus colaboraciones en mitos del cine mudo como Cabiria de Pastrone o Napoleón de Gance le hicieron ganarse el apodo de «el Mèliés español».















lunes, 17 de noviembre de 2014

Goya y las brujas

El tema de la brujería en Goya tuvo un importante desarrollo. Desde su llegada a Madrid en 1774 Goya se relacionó con el grupo de ilustrados de la "villa y corte" y compartió plenamente sus ideas renovadoras. Entabló una gran amistad con Leandro Fernández de Moratín quien en la última década del siglo XVIII empezó a preparar la edición crítica de la relación del proceso de las brujas de Zugarramurdi editada en Logroño en 1611. Esa obra —que acabó publicándose en 1811— ejerció una enorme influencia en la visión de la brujería que Goya plasmó en sus cuadros y grabados, con la finalidad de "desterrar vulgaridades perjudiciales". Así Goya "traduce al óleo y aguafuerte la satirización de brujas que sus contertulios vierten en libros, almanaques y comedias".


                             
                           Vuelo de brujas (1797) de Francisco de Goya (Museo del Prado)

Julio Caro Baroja también ha destacado la influencia que seguramente tuvo en Goya la edición crítica que hizo su amigo Moratín , "Goya dio un paso más adelante que Moratín" ya que "intuyó algo que hoy día vemos claro, a saber: que el problema de la Brujería no se aclara a la luz de puros análisis racionalistas... sino que hay que analizar seriamente los oscuros estados de conciencia de brujos y embrujados para llegar más allá". Así Goya "nos dejó unas imágenes de tal fuerza que en vez de producir risa nos producen terror, pánico".


Goya pintó a finales del siglo XVIII una serie de seis pequeños cuadros sobre brujerías para el gabinete de la duquesa de Osuna en la finca llamada El Capricho: Vuelo de brujas (Museo del Prado); El conjuro y El aquelarre (Museo Lázaro Galdiano); La cocina de los brujos (colección privada, México), El hechizado por la fuerza (National Gallery de Londres) y El convidado de piedra (hoy en paradero desconocido).

                               El hechizado por la fuerza de Francisco de Goya (National Gallery)          

                             El Aquelarre, de Francisco Goya (Museo Lázaro Galdiano, Madrid).

Alrededor de una cuarta parte de la colección de grabados de Los Caprichos está dedicada a la brujería, "cuyos subtítulos reproducen a veces lemas de los ilustrados o condensaciones populares recogidas por aquéllos". "Goya pretende en sus Caprichos levantar la voz de la razón —idioma que espera todos entiendan— para exponer la miseria de la credulidad y desterrar la crasa ignorancia de la mente humana esclava del instinto, del interés del egoísmo". Por eso para Goya, como para Moratín y el resto de ilustrados, "la brujería es vieja, fea, celestinesca, repugnante e hipócrita. En las caras brujeriles violentamente retorcidas, en sus repulsivas y desgarradas muecas, en sus deformes bocas abiertas y expresiones infrahumanas adivinamos al agente de Satán", afirma Carmelo Lisón.


















                                  El Aquelarre,  de Francisco de Goya

El Aquelarre, pintura negra de Francisco de Goya. Según Julio Caro Baroja "es el símbolo más perfecto de una sociedad fea y bestial, dominada por crímenes y violencias de todas clases". Según Carmelo Lisón Tolosana esta pintura "es la composición satánica [de Goya] más impresionante: en nocturna asamblea preside el terrible, inquietante y poderoso Gran Cabrón a una masa de viejas brujas con caras embrutecidas, delirantes, alucinadas, con ojos desorbitados y bocas torcidas. Las acalaveradas cabezas, las posturas atentas y las admiradoras fauces entreabiertas escuchando a la espeluznante mancha negra que es el Gran Cabrón, cornudo y barbudo, contrastan con la damisela aprendiza, tocada de mantilla, joven y bien formada, atenta y atractiva que contempla, separada pero sin inmutarse, tan satánica escena. Genial pintura negra tan fantástica como monstruosa, en la que Goya toca techo humano: el embrutecimiento de seres racionales por un extremo y su satanización por otro. El problema de la brujería sobrepasa nuestra capacidad racional. El Gran Cabrón y el aquelarre afirman con su nocturnidad macabra el triunfo de la irracionalidad, la persistencia del Mal".


                                 Dos viejos comiendo sopa, pintura negra de Francisco de Goya.

Fuentes;

domingo, 9 de noviembre de 2014

La autopsia

 Esta sobrecogedora obra recoge el momento en el que el forense realiza una autopsia a una joven que yace sobre una mesa. El tratamiento realista del tema y su crudeza han hecho que algunos autores encasillen esta pintura dentro del realismo social; sin embargo, la obra también sobresale por su interés por los contrastes lumínicos, el detalle de la representación realista, la rigurosidad anatómica y la experimentación con elementos tan

Enrique Simonet y Lombardo (1863-1927).
Óleo sobre lienzo.
177 x 291 cm.
1890.

arriesgados como la profundidad del cuadro sugerida por el escorzo de la joven, por lo que debería considerarse como parte de la corriente cientifista que domina el siglo XIX. Simonet no aporta grandes novedades a su pintura, más bien las integra en el cuadro, como el fondo neutro de la habitación, el contrapeso lumínico entre la pared y la ventana, el bodegón que conforman las botellas de formol de distintos colores, rompiendo la monotonía cromática de las tonalidades empleadas en el resto de la pintura. El estudio anatómico del cuerpo de la chica es impecable, así como el tratamiento de su cuerpo en ese escorzo. Pero si hay algo por lo que destaca esta obra es por los contrastes lumínicos de luces y sombras. Se trata en suma de uno de los cuadros más interesantes de este artista, y uno de los más valorados en las colecciones del Museo de Málaga.

Fuente;

domingo, 2 de noviembre de 2014

José Guadalupe Posada


(Aguascalientes, 1852 - ciudad de México, 1913) Pintor y caricaturista mexicano, famoso por sus litografías con escenas de muerte, estampas populares y caricaturas sociales, inspiradas en el folclore. Figura destacada del panorama artístico mexicano, la obra de Posada confirma su gran predicamento estético y da fe de su empeño en realizar un arte propiamente mexicano.


Las ideas de Posada eran de clara índole progresista y, al servicio de éstas, dibujó caricaturas y bocetos satíricos consagrados, en general, a elaborar una crónica de la vida mexicana de la época o a poner de relieve los sufrimientos de su pueblo bajo el yugo de los grandes terratenientes. Las sátiras de los políticos más influyentes de la época le costaron la cárcel en más de una ocasión. El gran número de encargos que se amontonaban en su taller le obligó a crear una técnica nueva, el grabado al ácido en relieve, mucho más rápida.




Su extensa producción gráfica, estimada en más de veinte mil grabados, realizados en litografía o planchas de metal, podría clasificarse como expresionista, puesto que recrea con extraordinaria imaginación, gran sentido humorístico y profunda capacidad crítica las lacras, miserias y prejuicios de la realidad social y política de su época.




Su obra abarca múltiples temas, entre los que cabría destacar las célebres "calaveras" o imágenes de ultratumba; los "desastres", que comprenden catástrofes de tipo natural (inundaciones, epidemias, sucesos astronómicos, nacimientos de seres monstruosos), accidentes, hechos sobrenaturales, crímenes y suicidios; los "ejemplos" o lecciones morales que pueden extraerse ante la perversidad y bestialidad humanas; sucesos sociales y políticos, donde sobresalen las viñetas referidas a las ejecuciones y los "corridos" revolucionarios; los milagros religiosos; la serie denominada Don Chepito, que narra las desventuras de un solterón ridículo, una especie de antihéroe; así como las imágenes captadas de la vida cotidiana con inigualable precisión e intención certera.



 En 1933, veinte años después de su muerte, fue redescubierto por el pintor Jean Charlot, quien editó sus planchas y reveló la influencia de Posada sobre artistas de las posteriores generaciones. Gran dibujante, trabajador incansable y un gran técnico del grabado, Posadas murió, tan pobre como había nacido, en Ciudad de México, en 1913. Sus restos, que nadie reclamó, fueron sepultados en una fosa común.



















jueves, 30 de octubre de 2014

Juan de Valdés Leal, tenebrismo sevillano



Este pintor y grabador del barroco sevillano, es conocido sobre todo por sus dos pinturas alegóricas sobre la fugacidad de la vida: Finis gloriae mundi (El fin de las glorias mundanas) e In ictu oculi (En un abrir y cerrar de ojos) pintadas en 1672 .
Trata sobre el tema de la vanitas (vanidad humana) haciendo ver la caducidad de los bienes temporales y la brevedad de la vida terrena.

La obra de Valdés Leal es plenamente barroca y con tendencia al tenebrismo.
Se inclina hacia la temática macabra o grotesca pero con gran sentido del movimiento, intenso colorido y dramática iluminación.