Mostrando entradas con la etiqueta cine vanguardista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine vanguardista. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de septiembre de 2013

¡Que viva México!

¡Que viva México! ( Да здравствует Мексика!) fue un proyecto fílmico inconcluso de Serguéi Eisenstein. La producción estuvo marcada por dificultades y finalmente abandonada.


Eisenstein llega a México en diciembre de 1930, patrocinado por Upton Sinclair y su esposa Mary Kimbrough Sinclair, y al poco tiempo comenzó a filmar el proyecto. El material original nunca fue montado. El material filmado ha sido reconstruido por otros bajo los títulos de Thunder Over Mexico, Eisenstein in Mexico, Death Day y Time in the Sun. En 1979 Grigori Aleksandrov, a partir de los storyboards originales de Eisenstein, compiló Da zdravstvuyet Meksika!, una aproximación al montaje que éste planeaba.
La estructura del filme, en la reconstrucción de Aleksandrov es de cuatro episodios, más un prólogo y un epílogo. El prólogo presenta imágenes alegóricas al México prehispánico. El episodio "Sandunga" recrea los preparativos de una boda indígena en Tehuantepec. "Fiesta" desarrolla el ritual de la fiesta brava, mientras que "Maguey" escenifica la tragedia de un campesino victimado por rebelarse en contra de su patrón. "Soldadera" (episodio no filmado) presentaría el sacrificio de una mujer revolucionaria. El epílogo, también conocido como "Día de muertos", se refiere al sincretismo de las distintas visiones que coexisten en México alrededor del tema de la muerte.

Ficha técnica
Dirección Sergei M. Eisenstein
Producción Kate Crane Gartz, S. Hillkowitz, Otto Kahn, Mary Craig Sinclair, Upton Sinclair
Guion Grigori Aleksandrov
Música Juan Aguilar, Francisco Comacho Vega
Fotografía Eduard Tisse, Gabriel Figueroa
Montaje Sergei M. Eisenstein
Protagonistas Félix Balderas, Martín Hernández, David Liceága, Julio Saldívar, Isabel Villaseñor, Maruja Griffel








martes, 27 de agosto de 2013

El manuscrito encontrado en Zaragoza

 Jan Potocki luchó como soldado contra los piratas berberiscos y viajó por toda Europa Occidental (Alemania, España, Francia, Inglaterra, Italia...), los países del Magreb,Egipto y Turquía. Además, entre otras hazañas y vivencias, en 1788 creó una imprenta y una editorial, sorprendió a sus compatriotas sobrevolando en globo Varsovia en 1790,y en 1805 se marchó a Pekín como asesor científico del zar Alejandro I de Rusia.Pero la expedición nunca alcanzó su meta al negar les el paso el emperador Yung Yen por razones políticas , recalando en Urga (Mongolia).
Una de las más fascinantes leyendas surgidas en torno del conde polaco Jan Potocki, autor de una de las grandes novelas de la literatura fantástica europea de todos los tiempos, El manuscrito encontrado en Zaragoza, guarda relación con su escalofriante suicidio,acaecido el 20 de diciembre de 1815. Pese a la sólida formación cultural de Potocki, tanto científica como humanística - le interesaba vivamente el ocultismo, la egiptología, la etnografía, la filosofía y la historia; además, hablaba con fluidez francés, alemán, ruso y árabe-,el escritor cayó en una profunda depresión a causa de una serie de lamentables hechos: el divorcio de su segunda esposa, Constance,y el recrudecimiento de la sífilis que padecía desde hacía unos meses.Recluido en su castillo de Uladowka con la única compañía de la servidumbre, el conde Jan Potocki empezó a creer que se había convertido en un hombre-lobo. Confinado por las noches en sus habitaciones, a fin de no dañar a nadie cuando se "transformara" en lobo, empezó a pulir la tapa de plata de una azucarera -regalo de su madre- dándole forma de bala. Un día, después de solicitarle al capellán del castillo la bendición del proyectil, esperó a la caída del sol y se voló la cabeza de un disparo.Quizá no podía haber muerto de otro modo este contemporáneo dela novelista inglesa Ann Radcliffe (1764-1823), pionera de la narrativa gótica europea, y del escritor y compositor alemán E. T. A. Hoffmann(1776-1822), cuya habilidad para mezclar lo grotesco y lo sobrenatural con un poderoso realismo psicológico, lo ha erigido en una de lasmás importantes figuras del romanticismo negro en el Viejo Continente.


Nacido el 8 de marzo de 1761 en la región polaca de Pików - quehoy forma parte de Ucrania-, el conde Jan Potocki, cuyo verdader onombre era Jan Nepomucen Potocki de Pilawa, vertió todas sus.experiencias aventureras e intelectuales'" en El manuscrito encontrado en Zaragoza, su única novela, pues la mayoría de sus libros versan sobre historia y viajes, exceptuando un par de obras de teatro, como Los gitanos de Andalucía (1794). Potocki empezó a escribir El manuscrito encontrado en Zaragoza en 1797, en francés -el título original es Manuscrit Trouvé él  Saragosse - , y en 1804 una editorial de San Petersburgo publicó la primera parte del libro. Con matiz marcadamente fantástico y macabro, la obra transcribe el documento hallado por un oficial de las tropas napoleónicas durante la liberación de Zaragoza, y cuenta, en catorce jornadas, las aventuras del noble caballero Alphonse Van Worden -perfecto alter ego del propio Potocki-, un oficial de la Guardia Valona que atraviesa Sierra Morena en dirección a Madrid. Por el camino, topa con todo tipo de personajes extraordinarios: gitanos, princesas árabes, anacoretas, endemoniadose, incluso, Ahasverus, el Judío Errante. Todos ellos ponen a prueba su temple y su cordura, trazando a la vez una visión pintoresca,fantástica y prerromántica de la España profunda del siglo XVIII, llena de inolvidables historias de aparecidos, cabalistas, ventas encantadas o leyendas moriscas, aromatizadas por un aire picaresco deudor dela tradición novelística del Siglo de Oro español. 


La segunda parte El Manuscrito Encontrado en Zaragoza de la obra, Tres relatos de Avadoro, historia española, vio la luz en 1813, y los elementos fantásticos desaparecen a favor de una intriga puramente cortesana.La técnica narrativa de "cajas chinas" utilizada por Jan Potocki, con historias dentro de historias que entremezcladas, se inspira directamente en el Decameron (1353), de Giovanni Boccaccio y, muy especialmente, en Las mil y una noches (S. XIV). No obstante, llama poderosamente la atención la abundancia de elementos cabalísticos y herméticos, directamente sacados de las obras de Apolonio deTriana, Christian Knorr von Rosenroth y Simon Magus como, por ejemplo, la figura de los ahorcados hermanos Zoto, que evocan adecimotercero arcano del Tarot, símbolo de la purificación por inversión del orden terrenal.Durante el siglo XIX, El manuscrito encontrado en Zaragoza cayó en el olvido, hasta que el texto fue recuperado en 1958 por EditionsGallimard, gracias a los esfuerzos del escritor, antropólogo y ensayista francés Roger Caillois (1913-1978), quien escribió:"Se trata de unade las grandes obras de la literatura fantástica de todos los tiempos y uno de esos raros libros que fortalecen el espíritu y la dignidad del género humano" .

 Según el erudito galo, El manuscrito encontrado en Zaragoza pertenece al siglo XVIII por su tono galante y por su estilo narrativo, por su pasión por el ocultismo, su irónica inmoralidad sentimental y sexual; mas también se anticipa al romanticismo, en especial por sus elementos siniestros, y por su indefinición a la horade mostrar lo vivido y lo soñado, lo real y lo fantástico.Traducida al polaco en 1847 por Edmund Chojecki, El manuscrito encontrado en Zaragoza se convirtió poco a poco en lo que podríamos llamar un éxito popular, si bien la novela no alcanzaría su justa fama hasta un siglo después, por influencia de los ensayos del profesor de literatura polaca L. Kukulski, quien en 1959 publicaría una biografía sobre el conde Potocki,


 El clima político de la época -el llamado"Octubre polaco", que facilitó el retorno al poder de Wladyslaw Gomulka, la liberación del Cardenal Stefan Wyszynski, preso desde 1953, la atenuación de la colectivización agraria, el aumento de los salarios y el reconocimiento de los consejos obreros ... - permitió una cierta libertad creativa lejos de los rígidos corsés del Realismo Socialista, dando paso a una moderada exaltación nacionalista,elemento sobre el cual se erige un film como El manuscrito encontrado en Zaragoza.

Su director, Wojciech J. Has (1925-2000), provenía del cine documental, concretamente de la "escuela de Karabasz", una informal doctrina estética que alcanzó su apogeo durante los años sesenta,y que recalcaba el papel de los cineastas. Según esta, el autor de películas documentales debe prescindir de toda escenografía, ha de reducir al mínimo su propia ingerencia en la realidad, y sus protagonistas deben ser, en la medida de lo posible, gente corriente,carente de todo rasgo destacable. Pero, a diferencia de sus camaradas de formación, como Andrzej Wajda, Andrzej Munk o Krzysztof Kieslowski, el director de El arte de ser amada (Jak byc kochana,1963), se cansó pronto del cine documental, del realismo , y exploró nuevos horizontes fílmicos por mediación de dos de las mejores películas fantásticas rodadas en esa época en la Europa del Este,El manuscrito encontrado en Zaragoza y Sanatorio bajo el signo dela clepsidra (Sanatorium pod klepsydra, 1973), basada esta última también en una novela de su compatriota Bruno Schulz (1892-1942).

El manuscrito encontrado en Zaragoza traslada a la gran pantalla solamente la primera parte del libro de Jan Potocki, la que atañe alas escalofriantes experiencias de Alphonse Van Worden. En este sentido, la fidelidad de Wojciech J. Has es encomiable, si bien altera el orden de algunas historias -por ejemplo, las que integran las jornadas Segunda y Tercera - y suaviza el acento abiertamente truculento y sombrío de algunos pasajes, al,tiempo que introduce en otros irónicas pinceladas, no siempre oportunas, de un humor absurdo. Si bien la atmósfera fantasmagórica de la novela se mantiene, gracias a la contrastada fotografía en B/N y Scope de Mieczyslaw Jahoda y el detallista, elaboradísimo diseño de producción de Tadeusz Myszorek y Jerzy Skarzynski. La fisicidad de la puesta en escena no es óbice para que los componentes literarios originales se vean exacerbados por la barroca composición de los encuadres, la plásticidad de cada secuencia en función de sus impulsos románticos, tétricos, aventureros, galantes, oníricos.
A la modernidad de su mirada cinematográfica, de su sesgo documental por cuanto se detecta enla cinta un minucioso estudio de la pintura española del periodo distorsionada por esa estética surreal tan típica del Este europeo-.,Wojciech J. Has suma la música de Krzysztof Penderecki (n. 1933),quien combina la electrónica y la atonalidad característica de la Escuela de Viena con un sinfonismo romántico que cita, con evidente sorna, a Beethoven -ferviente admirador de Napoleón, al inicio dela película.. .-, y compases "españoles" extraídos de Manuel deFalla o Enrique Granados.

Antonio José Navarro






viernes, 17 de febrero de 2012

La hora del lobo

 LA HORA DEL LOBO (Vargtimmen) (1968)
Dirección: Ingmar Bergman.
Intérpretes: Max Von Sydow, Liv Ullman, Gertrud Fridh, Georg Rydeberg.


  Nos encontramos ante una película de horror, probablemente la más sombría y turbadora de toda la filmografía bergmaniana. Una obra maestra absoluta en la que el cineasta sueco reflexiona sobre las relaciones destructoras que se establecen entre el artista y su insaciable público.
Supone además la culminación de la influencia expresionista en Bergman, tanto desde un punto de vista estético como conceptual.


En este sentido cabe recordar que la esencia del expresionismo es la interpretación subjetiva del mundo, predominando la imaginación y lo onírico sobre el realismo. Esto es lo que ocurre en el filme, donde la realidad se confunde con la imagen atormentada que tiene de la misma el protagonista, de modo que con frecuencia lo que vemos en pantalla no es más que la exteriorización de esos fantasmas y demonios internos que lo acechan.
Esa estructura narrativa en la que se alternan lo real y lo pesadillesco recuerda mucho a algunas de las narraciones de E.T.A. Hoffmann, escritor y compositor que ha influido de forma notable en cineastas como David Lynch, al que Bergman se adelantó, en todos los sentidos, varias décadas con cintas tan complejas y rompedoras como “Persona” (1966) o la que ahora nos ocupa.

En definitiva, título esencial de su autor y uno de los más logrados de los que rodó en la isla de Farö. De atmósfera opresiva, angustiosa e inquietante.



"La hora del lobo es el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales, cuando los insomnes se ven acosados por sus mayores temores, cuando los fantasmas y los demonios son más poderosos..."

 Ingmar Bergman, La hora del lobo.
























viernes, 10 de febrero de 2012

Paul Wegener

Paul Wegener (Arnoldsdorf, Prusia Oriental; actualmente Jarantowice, Polonia, 11 de diciembre de 1874 - † Berlín, 13 de septiembre de 1948), actor y director de cine alemán.
A los veinte años, ya interesado por la poesía y el teatro, ingresó a la Universidad de Leipzig para seguir la carrera de Derecho. En 1905 abandonó la carrera para unirse a la compañía teatral de Max Reinhardt. Debutó en la gran pantalla en 1913, en la película El estudiante de Praga (Der Student von Prag). Es uno de los realizadores más destacados del expresionismo alemán, recordado especialmente por sus películas sobre el Golem, basadas en la novela de Gustav Meyrink. Fue considerada como la versión definitiva Der Golem, wie er in die Welt kam (1920) que protagonizó y dirigió junto a Carl Boese. Se casó siete veces. Dirigió diecinueve películas y actuó en setenta.

Filmografía selecta:

1913 El estudiante de Praga, de Stellan Rye.
1914 El Golem, de de Henrik Galeen y Paul Wegener.
1916 Der Yoghi, de Rochus Gliese y Paul Wegener.
1916 Rübezahls Hochzeit, de Paul Wegener y Rochus Gliese.
1917 Der Golem und die Tänzerin, de Rochus Gliese y Paul Wegener.
1917 Hans Trutz im Schlaraffenland, de Paul Wegener.
1918 Der Rattenfänger von Hameln, de Paul Wegener.
1920 Sumurun, de Ernst Lubitsch.
1920 Der Golem, wie er in die Welt kam (Versión definitiva) de Carl Boese y Paul Wegener.
1921 Das Weib des Pharao, de Ernst Lubitsch.
1922 Vanina, de Arthur von Gerlach.
1922 Lucrezia Borgia, de Richard Oswald.
1924 Lebende Buddhas, de Paul Wegener.
1926 The Magician (USA), de Rex Ingram.
1927 Die Weber, de Friedrich Zelnik.
1928 Alraune, de Henrik Galeen.
1933 Hans Westmar, de Franz Wenzler.
1934 Ein Mann will nach Deutschland, de Paul Wegener.
1935 ...nur ein Komödiant
1939 Das unsterbliche Herz
1942 Der große König, de Veit Harlan.
1945 Der Fall Molander de Georg Wilhelm Pabst.
1945 Kolberg de Veit Harlan.
1948 Der große Mandarin de Karl-Heinz Stroux.










































































































































































































































































































































































miércoles, 12 de octubre de 2011

José Val del Omar



Creador de un talento artístico y tecnológico extraordinario, ''creyente del cinema'' e iluminado por unos nuevos horizontes que formuló mediante las siglas PLAT –que equivalen al concepto totalizador de Picto-Lumínica-Audio-Táctil–, Val del Omar fue contemporáneo y camarada de Lorca, Cernuda, Renau, Zambrano y otros nombres mayores de una Edad de Plata truncada con la Guerra Civil. En 1928 anticipó ya varias de sus técnicas más características, incluyendo el ''desbordamiento apanorámico de la imagen'' fuera de los límites de la pantalla y el concepto de ''visión táctil''. Dichas técnicas, y las del ''sonido diafónico'' y otras exploraciones en el campo sonoro, las aplicaría en su Tríptico Elemental de España, iniciado en 1952 y sólo concluido póstumamente. Pues su obra y su tenaz actividad investigadora –a contrapelo de la incomprensión y el olvido– no empezaron a ser redescubiertas hasta poco antes de su muerte, siendo en cambio el principio de un renacimiento que sigue ganando adeptos. Como él ponía al término de sus films.






martes, 21 de junio de 2011

Robert Wiene

Inició su carrera muy pronto pero comenzando como actor de teatro para más adelante dar el salto al mundo del cine. Gracias a los conocimientos adquiridos como actor en el teatro el paso al cine lo dio con una experiencia y conocimientos suficientes como para afrontar la dirección con éxito.

Comenzando con el cine mudo, Wiene logro su gran éxito con la película "El gabinete del doctor Caligari" en 1920. Hoy en día se ha convertido en un clásico del cine de terror. Además, este titulo fue la más importante referencia para explicar la corriente creativa que surgió en Alemania en los años 20 y que paso a denominarse como "expresionismo".

Producida por Erich Pommer, no iba a ser Robert Wiene quien la dirigiera si no Fritz Lang, pero este se encontraba en pleno rodaje de "Las arañas" y rechazo el trabajo. Gracias a esta curiosidad, Robert Wiene con su forma de entender la dirección cinematográfica se ha convertido en un icono del "expresionismo" alemán. Doto a su película de grandes contrastes. Luces, sombras y exagerados contraluces. Sobreactuaciones de los actores que hoy en día se consideran aberraciones interpretativas, ambientes y universos irracionales, pesimistas, oscuros, distorsionados. Todo esto repartido en seis actos, y ambientado con un vestuario y maquillaje extravagante y sepulcral, hacen de este cuento de terror un ejemplo a seguir por directores tan actuales como David Linch, Tim Burton o Terry Gilliam.


Como su primera película se puede considerar "La pobre Eva" de 1915 rodada con Emil Jannings considerándose a partir de entonces uno de los directores alemanes que con su producción consiguen mantener viva la industria alemana.

Wiene vio interrumpida su carrera profesional tras la llegada al poder de Hitler en 1933, motivo por el cual se tuvo que exiliar a Hungria donde apenas pudo filmar una opereta titulada "Una noche en Venecia". Después el exilio le llevo a Paris donde en 1938 murió mientras estaba trabajando en el rodaje de
 "Ultimatum" película que más tarde terminaría de rodar Robert Siodmak.








domingo, 19 de junio de 2011

Carl Theodor Dreyer

Carl Theodor Dreyer, 1889-1968, director de cine, fue un personaje único en la cinematografía danesa. Contrario a las concesiones y perfeccionista en extremo, fue considerado como uno de los principales creadores del arte cinematográfico. Debutó como director de largometrajes para Nordisk Films Kompagni, en 1919, con la dramática saga familiar El Presidente (Præsidenten), a la que siguió Páginas del libro de Satán (Blade af Satans Bog, 1921). Esta película resultó demasiado sombría para Nordisk Film, por lo que Dreyer tuvo que realizar sus siguientes cinco películas con la ayuda de otras productoras, suecas, alemanas y danesas. El amo de la casa (Du skal ære din Hustru), de 1925, le supuso ser contratado por una productora francesa, con la que rodó su célebre La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d´Arc, 1928), una de las obras más completas del cine mudo. Esta película contribuyó a la consolidación internacional de Dreyer, pero su productora tuvo problemas económicos, con lo que, sólo gracias a un mecenas, Dreyer pudo realizar su siguiente película, Vampiro (Vampyr, 1932).



 En 1934, Dreyer regresó a Dinamarca, donde lo esperaba un período marcado por las dificultades y los proyectos fallidos. Finalmente, en 1943, logró realizar su siguiente largometraje, Dies Irae (Vredens Dag), una historia de amor trágico que transcurre durante el período de la caza de brujas del siglo XVII. Durante los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, Dreyer contribuyó a la producción danesa oficial de cortometrajes con una serie de películas, entre ellas, Llegaron al ferry (De naaede Færgen, 1948), aunque volvería a pasar mucho tiempo antes de realizar su siguiente largometraje, La palabra (Ordet, 1955), adaptación magistral de una obra de teatro de Kaj Munk que consolidó aún más, si cabe, su reputación internacional. Su última película, Gertrud (1964), que fue muy discutida tras su estreno, ha sido considerada posteriormente como una de las obras maestras del cine moderno.